El majestuoso Faro de Mazatlán  se  encuentra  ubicado  en  la  cima  del  cerro  del  Crestón, en el extremo sur de la península de la ciudad de Mazatlán, Sinaloa, México. El faro tiene la peculiaridad de estar asentado en lo que era antiguamente una isla y tiene una longitud de 641 metros por 321 metros de ancho y una altitud de 157 metros y el hecho de estar sobre una imponente formación natural lo hace ser aun más espectacular.

En el año 1821, la Ciudad de Mazatlán recibe por decreto de las Cortes de Cádiz su certificación como el primer puerto de altura del Pacifico Mexicano. Hecho de relevancia que le abre las puertas al comercio internacional. La anterior decisión aunada al rápido crecimiento de los grandes consorcios mineros y comerciales, trae como consecuencia que él trafico naviero se intensificara. En esos tiempos era bastante común que cada año llegaran al puerto mas de 60 navíos provenientes de Europa y del lejano Oriente, cargados con diferentes tipos de mercancía. Barcos que después de varios días de estancia y avituallamiento, partían hacia sus Puertos de origen cargados de barras de oro y plata de las ricas minas de la región.

No obstante que en esa época, el puerto de Mazatlán cada día que pasaba tenia mas trafico portuario, inexplicablemente aunque parezca increíble durante un periodo de siete años no existió ninguna señalización que permitiera a los marinos el ubicarse y realizar acercamientos al puerto con la debida exactitud, sin que ello significara poner en peligro a sus embarcaciones.

Es en el año de 1828, cuando la Isla de Crestón se empieza a utilizar para señalamiento marítimo. Hay crónicas que señalan que en los primeros sesenta años, las facilidades que existían en la cima del imponente cerro eran muy modestas, tan solo un templete de mampostería, sobre el que se encendían antorchas y hogueras alimentadas de madera y carbón, que producían una tenue luz que solo podía distinguirse a muy poca distancia. Esta situación mejoro con los años, al empezar a usarse lamparas de aceite y kerosene, que ya permitían una luz mas fija, intensa y penetrante.

Al pasar de los años se le construye una pequeña torre en la que se instala una lampara de manufactura inglesa alimentada de gas y que producía una luz a través de uno lente especial del tipo Fresnel, que por sus características técnicas permitían la generación de una luz más intensa y por consiguiente, se facilitaba el dar un mejor servicio a la navegación ya que al ser distinguible a bastante distancia, los acercamientos eran efectuados con mayor precisión.

De acuerdo a las crónicas existentes, es en el año de 1892, siendo presidente del H. Ayuntamiento del Puerto el Sr. Bernardo Vazquez, cuando se empiezan las primeras construcciónes del Faro, estas obras estuvieron a cargo de uno de los mas reconocidos Ingenieros de la ciudad, el Señor José Natividad González, quien además fungia como el Director de la Junta de Mejoras Materiales. Pero no es sino hasta el año de 1930, en tiempos del Gobernador Gral. Macario Gaxiola, cuando se empiezan a hacer las adaptaciones finales a la casa del Faro y se construye, desde un punto conocido como “Punta Pala” localizado en el cerro del Vigía, la ampliación de la escollera del cerro de la “Azada” y su relleno artificial; Trabajos que permitieron que la que la Isla de Crestón dejara de ser un cuerpo de tierra separado del puerto de Mazatlán y quedara configurada en la forma como la conocemos en la actualidad.

Es a principios de los años 1920, que su sistema de iluminación se cambia al empezar a usarse lamparas con filamentos eléctricos, que necesitaban para su operación la electricidad.

El Faro de Mazatlán se asienta en una impresionante formación natural que esta conformada por una serie de acantilados y estoicos farallones y si se observa al cerro a una prudente distancia nos daremos cuenta que su forma asemeja a la de una pirámide triangular. Sus pendientes son inclinadas y podrás encontrar en su estructura varias cavernas profundas, a las que es muy peligroso entrar a causa de las traicioneras corrientes. Referente a estas cavernas se cuentan interesantes leyendas, que nos señalan la posibilidad de que en su interior se encuentren incalculables tesoros que en el siglo XVI, dejaron ahí escondidos piratas tan famosos como el sanguinario Ingles Thomas Caldrens o Cavendich y el rubio Holandés Spilbergen y que eran el insano producto de los despiadados saqueos que estos bucaneros realizaban a las “Naos de las Filipinas”.


testimonios decimonónicos


En la década de los años cuarentas los únicos señalamientos marítimos que existían en Mazatlán eran las fogatas que las autoridades portuarias encendían en los tres cerros que circundaban la ciudad: el de la Nevería al norte, y las cimas de las elevaciones cercanas al edificio de la aduana.


Durante las tres semanas que Henry Edwards pasó en Mazatlán en enero del año mil ochocientos setenta y cinco, ascendió al cerro de la isla del Crestón. Así se refirió a esta caminata: ...”más al sur se levanta la montañosa isla llamada El Cristón Grande, el pico más alto y al que tuve el placer de ascender y desde donde se dominan los alrededores. En el extremo suroeste de El Cristón hay una cueva singular cuyas paredes están fuertemente impregnadas de sulfuro y llevan a desconocidos e inexplorados pasajes hasta el corazón de la montaña. El pico de esta interesante isla parece estar formado por la naturaleza para un faro, y en las manos de otra gente seguro ya le habrían dado ese uso. Pero debe anotarse aquí un hecho único, de gran significado, extraordinariamente Ilustrativo de la nación mexicana, mientras que durante los pasados diez años se han colectado más de dos millones de dólares de varias nacionalidades por derechos de faro y casi la misma cantidad por concepto de pilotaje, no hay un solo faro en toda la costa mexicana”.


En efecto, en la República Mexicana existía el impuesto del faro, cuyas recaudaciones servirían para la construcción de tal señalamiento marítimo. Hacia mil ochocientos setenta y ocho cada barco que visitaba el puerto pagaba veinticinco dólares por dicho concepto.


No fue sino hasta mediados de mil ochocientos setenta y nueve, cuando el faro de la isla del Crestón comenzó a funcionar en forma. En una carta enviada el cuatro de octubre de ese año por Edward G. Kelton, cónsul estadounidense, a la Secretaría de Estado en Washington, señala:


“Un observatorio y un faro han sido erigidos”


Gradualmente perdiendo de vista la costa, el buen barco Montana avanzaba temerosamente bajo la influencia de un fuerte viento    del noroeste, lo que lo hizo atravesar el Golfo de California, y veintidós horas despues de zarpar de Cabo San Lucas el trueno de nuestro cañón despertó ecos entre los cerros y valles que rodean el más importante puerto del Pacífico de la República Mexicana. Y al anclar entre las rocosas islas de Gervo y el Cristón Grandellegamos al fin de nuestra jornada al descansar seguros en el mar brilloso azul que baña los muros de la extraña ciudad de Mazatlán.

Era un cuadro lleno de extraña y ensoñada belleza que se encuentra sólo en los climas tropicales, y que da al espíritu un sentido   de tristeza casi opresiva; que llena el corazón con ahogados anhelos de una mejor comprensión de su amor secreto; y sugiere al alma una visión de esa tierra mejor y más brillante “más allá de los cielos” la cual es sostén de nuestro peregrinaje terrestre. El primer plano del cuadro lo forman grupos de casas bajas con techos planos curiosamente pintadas de blanco, azul, rosa  y amarillo coronadas por gigantes tallos de palmera moviendo sus brazos en la suave brisa, con una fachada iluminada por la transparencia del mar tropical; mientras que más allá se extiende una serie de cerros quebrados coronados de una  vegetación densa y curiosa –una neblina púrpura corona sus cimas y a la distancia se mezcla con la oscuridad.

A través de los acantilados en la neblina que como un velo sobresale del paisaje se puede ver los bosques de piedra coronando lo largo de la gran cadena de montañas que forma el espinazo de América, la cual alcanza mayor grandeza en las Montañas Rocallosas en el norte y los Andes en el sur del continente. Raros cactus gigantes cubren los escarpados lados de la isla y puntos rocosos nos rodean muy cerca. Tambien el vuelo de zopilotes se cierne sobre nosotros como fantasmas incansables de quienes    ya han partido y grupos de grises pelícanos y graciosas grullas blancas en el agua prestan un vivido interés al escenario. Alrededor y arriba se esparce el dorado glorioso del amanecer tropical, los más delicados tintes púrpuras sombrean el más rico carmesi y rodeado de un tamiz verdoso de una brillantez casi etérea, los inclinados rayos de la lumbrera que se acerca sobre el apagado follaje verde, lo iluminan con esplendor trascendental. La ciudad está construida sobre un istmo que en su punto más angosto no tiene más de ciento ochenta metros de largo. La sección vieja es la del norte y la sección nueva, principalmente habitada por  la clase alta, es la parte del sur. Hacia el sur de la península se levanta un cerro alto y rocoso sobre el que están los restos de  lo que fue una poderosa fortaleza la cual por su posición ofrece un importante punto de defensa pero que, con ese descuido peculiar de la raza mexicana, ha ido derrumbándose hasta decaer. En la cima de esta eminencia se encuentra el asta bandera, y más al sur se levanta la montañosa isla llamada El Cristón Grande, el pico más alto y al que tuve el placer de ascender y desde donde se dominan los alrededores. En el extremo suroeste de El Cristón hay una cueva singular cuyas paredes están fuertemente impregnadas de sulfuro y llevan a desconocidos e inexplorados pasajes hasta el corazón de la montaña. El pico de esta interesante isla parece estar formado por la naturaleza para un faro, y en las manos de otra gente seguro ya le habrían dado ese uso. Pero debe anotarse aquí un hecho único, de gran significado, extraordinariamente ilustrativo de la nación mexicana, mientras que durante los pasados diez años se han colectado más de dos millones de dólares de varias nacionalidades por derechos de faro y casi la misma cantidad por concepto de pilotaje, no hay un solo faro en toda la costa mexicana, y las tareas del piloto consisten en ir en su bote a trescientas o cuatrocientas yardas del barco que requiere su asistencia, simplemente ondeando una bandera blanca para regresar pronto a su orilla.    


tomado del libro de Antonio Lerma Garay




Quién tiene más alto el Faro?                                                            
por Enrique Vega Ayala
 

¿Quién dijo que era el segundo?

Los  mazatlecos tenemos en el faro instalado en el Crestón a uno de nuestros máximos orgullos. Hasta hace algunos años era común escuchar la afirmación de que el Faro ubicado en la cima del Crestón, con sus 157 metros sobre el nivel del mar, era el segundo más alto del mundo, de los instalados en una formación natural. Por inevitable asociación, ese dicho me evocaba la curiosa referencia de que “el himno nacional mexicano es el segundo más hermoso del mundo, después de La Marsellesa”.
Es imposible rastrear de dónde salieron tales aseveraciones que rápidamente se convirtieron en verdades ineluctables. No hay noticia alguna sobre a la celebración, alguna vez, de un certamen internacional denominado “el himno nacional más bello” o algo así, donde un jurado calificado hubiera emitido un resultado ubicando al himno mexicano en el podium de honor, sólo debajo del himno francés. Tampoco existe libro de marcas mundiales que registre la altura de los faros en orden decreciente, donde el del Crestón esté colocado en el segundo sitio.
Antigüedad y arquitectura
Ciertamente, nuestro faro no es destacable en función de la antigüedad de su instalación ni por el estilo arquitectónico del edificio que lo alberga. Aunque no hay certeza sobre cuando se procedió a ubicarlo en la cima del Crestón, en general se acepta que debió realizarse hacia 1828. A esa fecha se llega porque ese año se cambió el embarcadero del área de playa norte (conocida por eso también como puerto viejo) hacia la playa sur.
En las crónicas antiguas no se menciona la existencia de faro alguno mientras el alije se realizaba en la bahía de San Félix; en cambio, por ellas sabemos que desde 1792 se dispuso la existencia de un puesto de vigía en la cima del cerro de la Nevería. La primera evidencia de existencia del faro en su ubicación actual la proporciona un mapa elaborado hacia 1840 por Duflot de Mofros para la obra “Exploration du Territoire de l’Oregon, de Californies et de la Mer Vermielle” (Atlas, Paris, 1844).
Como el de la legendaria Alejandría, nuestro faro estaba en una isla. A diferencia del de Faros, aquí no hay información precisa sobre su funcionamiento antes de la construcción del edificio en 1892. Lo que hay son presunciones respecto a las técnicas utilizadas para dar la iluminación requerida y los soportes que debieron usarse, según las necesidades planteadas por la evolución tecnológica. La carencia de datos al respecto pone de manifiesto el escaso interés que, durante el siglo XIX, despertaba el faro entre los mazatlecos. Luego entonces la versión sobre su presunta significación mundial no se originó en esa época.

¿El más alto del mundo?

Si el nuestro era el segundo más alto ¿dónde estaba el primero? La respuesta tradicional más generalizada, igualmente sin aparente respaldo documental, lo ubicaba en el Peñón de Gibraltar.
Hoy, en el sitio oficial del municipio de Mazatlán, en la red de internet, se afirma “después de muchas discusiones e indagaciones al  respecto, con sus 157 metros de altura, [el Faro sobre el Crestón] se sitúa como el primer faro natural mas alto del mundo en  operación; al desplazar por ya no estar en uso al Faro ubicado en el Peñón de Gibraltar, que con sus tres  puntos dominantes, a los que se conoce como Middle  Hill, Signal Station y O?Hara Tower, alcanza una  impresionante altura de 425 mts sobre el nivel del  mar”.
De esta manera, casi por decreto oficial se pretende establecer como cierta la versión que, como rumor empezó a correr desde hace tiempo. En abono a lo ahí señalado, efectivamente, no hay fuente verificable que indique la presunta existencia del “faro del Peñón de Gibraltar” en alguno de los tres puntos indicados. Es más, en la Enciclopedia Británica, en su edición de 1947 (misma de donde se obtuvo la información citada sobre la altura del Peñón), se puede apreciar una fotografía en la que aparece en primer plano un faro, a unos cuantos metros sobre el nivel del mar, con la montaña del Peñón de Gibraltar de fondo. No hay, pues, información disponible sobre si estuvo o no en uso, alguna vez, un faro sobre esa cima. El dato de la altura de los puntos más elevados no tiene ninguna relevancia, mientras no se dilucida si hay o hubo un faro en alguno de ellos.
Por cierto, el texto sobre el faro publicado en el sitio oficial del ayuntamiento en realidad está tomado fundamentalmente de un ensayo escrito hace dos años por el M.C. Sergio Octavio Valle Espinoza. El hoy presidente del Consejo Ecológico de Mazatlán (CEMAZ) realizó ese trabajo con el objetivo de sustentar su propuesta para declarar “monumento natural” al Crestón, no tanto para dilucidar la ubicación del faro entre los más altos del mundo. Aunque, en uno de los capítulos ofrece la información que recabó sobre las alturas del Peñón y de otras montañas costeras llamadas Faro, como el de Fonfría, en España, más alta todavía que Gibraltar. Sin embargo, no pudo corroborar que en esas elevaciones hubiera instrumentos de iluminación marítima. Por si las dudas, tras un recuento de las dimensiones de los faros americanos, Valle Espinoza sólo concluye que el del Crestón es el más alto en América.
En contra de lo afirmado en el sitio oficial del municipio debemos aceptar la inexistencia de una verdadera enumeración de los faros del mundo con sus respectivas alturas, con o sin soporte natural.

Que Guinness decida

 Navegando en internet para tratar de localizar información sobre el asunto de los faros, me encontré un sitio llamado “The World?s Lighthouses, Lightships & Lifesaving Stations” (www.maine.com), que ofrece todo tipo de información histórica, técnica y legal sobre los faros del mundo. Para un mazatleco es decepcionante como, en esa guía mundial, la altura de los faros no parece interesarle a nadie.
 En virtud de la importancia que para los porteños tiene dilucidar si efectivamente el del Crestón ocupa algún lugar en la escala mundial de la altura de los faros instalados sobre promontorios naturales, el ayuntamiento debería recurrir a una empresa de prestigio internacional como Guinness para certificar de una vez por todas si ese orgullo es válido o no.
El faro de Alejandría quedó en la memoria universal clasificado como una de las maravillas del mundo antiguo. En México, el gobierno del distrito federal logró que se incluyera la rosca de reyes del centro histórico de la capital en el libro mundial de records. ¿Por qué Mazatlán no hace lo propio con el faro? Digo, para no andarlo presumiendo nomás de oídas. Con que orgullo podríamos retar al mundo a ver quién lo tiene más alto.
 
Fin






FUENTE:


Archivo de Mazatlán

Enrique Vega Ayala


Antonio Lerma Garay: 

Mazatlán Decimononico


Arreglos:

Gustavo Gama Olmos


rescatado el 19/09/2013








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