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TESTIMONIOS

de

Mazatlecos



AQUÉL MAZATLÁN PASADO, DE BRILLANTE TRAYECTORIA..!

Carlos “Chale” Salazar Cordero

 

 

Advertencia: 

Este trabajo no se hizo para participar en algún certamen poético, 

se escribió únicamente para divertir a los lectores de esta revista. 

Ojalá se logre el propósito deseado.



 

Quise ser fino poeta

igual que “Lucky” Millán

y cantar a Mazatlán

sin molerme la chaveta.

 

Más intentándolo vi

¡soy iluso en hacer poesía!

Me he pasado algunos días

y pobres rimas reuní.

 

Muchos años han pasado

y aquí estoy para contar

la historia de este lugar

con salud bien cobijado.

 

Me es imposible olvidar

aquél Mazatlán antiguo

que con vivir muy exiguo

vivirlo asi era gozar!

 

Era pobre y muy chiquito

un buen puerto y ordenado

y ya entonces afamado

como lugar, bien bonito.

 

Ante estas playas nací

y viví toda mi infancia;

yo lo digo sin jactancia

¡qué contento vivo aquí!

 

¡Aquél Mazatlán pasado!

con brillante trayectoria

ha venido a mi memoria

y por lo cual he llorado.

 

La Casa Blanca de antaño

con sus árboles frutales

que aguantaron vendavales

con firmeza, año tras año.

 

El paseo del “Camarón”

la playa norte hermoseada

tan rebién que era admirada

desde arriba de “El Crestón”.

 

Hortalizas de los chinos,

y aquél Hospital Civil

que algún régimen hostil

mandó destruir ¡qué cochinada!.

 

Panteón de los Protestantes

Astillero y “La Puntilla”

donde conocí chiquilla

a Rosa con dos amantes.

 

Casa Redonda, Estación

con talleres y oficinas;

había ahí gentes finas

con mucha organización.

 

Telégrafo y Hospital

redondeando aquél lugar

entraban a trabajar

al dar Olson la señal.

 

La Isla de Soto bonita

Huerta de Choza en acción

donde encontraba emoción

la gente grande y chiquita.

 

Barrio Mexcaltitancito

de arenas y cocoteros

cuna donde los remeros

lucharon en botecito.

 

Playa Sur de mis amores

con mansas olas quebrando

allí pasamos nadando

con riesgo de “quemadores”.

 

Donde se pescaba fuerte

con chinchorro o atarraya

los pargos o mantarrayas

según fuera la suerte.

 

Los tildíos y las gaviotas

a la playa se asomaban

lugar donde devoraban

los cochitos y langostas.

 

Se practicaba el béisbol

en las arenas candentes

con asombro de las gentes

que ignoraban el “jaibol”.

 

Pangos también albergaba

remolcador y las lanchas

descargaban a sus anchas

la mercancía que llegaba.

 

Fondeadero en lejanía

donde llegaban los Santas

con gringos ¡y gringas tantas!

que se oía su algarabía.

 

Y el Pozo que recibía

los barcos de cabotaje

con un poco de pasaje

ya de noche o bien de día.

 

El Faro guiaba al vapor

el Vigía lo anunciaba

y así el bajel anclaba

fondeando ya sin temor.

 

Cobertizo con Aduana

Sanidad y otras cosas

mientras a “Las Mariposas”

acudía la vieja Juana.

 

Cargadores que bajaban

mercancías por toneladas

en mañanas bien heladas

pero luego descansaban.

 

“La Chalata” cobijaba

a los hombres del alijo

que llevando punto fijo

ni el sudor los relajaba.

 

Carpa Olivera, famosa

en Olas Altas plantada

a donde la chavalada

iba en las tardes gozosa.

 

Olas Altas, Malecón

le daban la bienvenida

y también la despedida

a todo barco en acción.

 

Por allá en la lejanía

un barco dejaba el puerto

piloteado por “El Tuerto”

con una gran osadía.

 

El Cerro de la Nevería

con historia su vocablo

y su fea “Cueva del Diablo”

que a todos estremecía.

 

Otro problemita insano

por allí se registraba

la yerba que requemaba

un nefasto mariguano.

 

No estando acostumbrados

a acciones escandalosas

nos mantenían esas cosas

a todos mortificados.

 

Y el miedo al fin pasaba

al llegar la autoridad

cargándolo sin piedad

al vicioso encerraba.

 

Sentado en un gran peñón

yo al mar profundo veía

así bién me divertía

al venirse un nubarrón.

 

Un bonito atardecer

admiraba en lontananza

más me entraba desconfianza

viendo ya el oscurecer.

 

Huracanes, tempestad,

azotaban a este puerto

provocando algún muerto

pero nunca mortandad.

 

El pánico de pronto huía

y la gente ya confiada

gritaba: “no pasó nada”

agradeciendo a “María”.

 

Vino el sitio, si señores,

siendo otra calamidad

pues por toda la ciudad

oíanse los estertores.

 

Por accidente un avión

antes de tiempo arrojó

una bomba que causó

muertos y desolación.

 

Por si aquello fuera poco

el hambre nos fustigaba

y algo más mortificaba:

no había ni agua de coco.

 

Los rebeldes así entraron

huyendo los federales

celebrando los más leales

sus fusiles dispararon.

 

¡Viva la revolución!

gritó muy entusiasmado

ése era Isauro Tirado

sin tener gran precaución.

 

El Chilolo y su guerrilla

también entraron al puerto

dejándole todo abierto

a la inmensa palomilla.

 

Entraron los maderistas

sin ninguna referencia

pidiendo entonces clemencia

los soldados porfiristas.

 

En improvisados pangos

huían algunos soldados

pero fueron apresados

milítes de varios rangos.

 

Y se les formó su juicio

para darles sentencia

ante enorme concurrencia

allá en un viejo edificio.

 

Tras juicio muy sumario

a morir son condenados

y así fueron fusilados

terminando su calvario.

 

Los cuerpos en las carretas

se les condujo al panteón

tras de esa inmolación

quedando fosas repletas.

 

Volvió la calma al puerto

tras rezar todas las damas

sin andarse por las ramas

recogiendo tanto muerto.

 

Y una vez así repuestos

terminando la anarquía

se provocó la alegría

entre los hermanos nuestros.

 

El Carnaval se acercaba

con tradición y tronío

y por honor que es muy mío

nadie más ya se apenaba.

 

El mal humor se quemaba

comenzando con la fiesta

y sin dormir nadie siesta

la Reina se coronaba.

 

Desfiles, máscaras, rango,

la música y mucho ruido

hacían salirse del nido

a todos hacía el fandango.

 

Luces, confetti, cohetes,

por calles, por todos lados

agregando los botados

que se pasaban de “cuetes”.

 

La reina que desfilaba

la acompañaba un varón

no era el Rey Salomón

pero él siempre figuraba.

 

Los carros entrelazados

por miles de serpentinas

seguidos por Colombinas

y Pierrots alborotados.

 

Bailes, gritos y alegrón

imperaban en la fiesta

quedando así manifiesta

la poca preocupación.

 

La vieja Plaza Mazhado

sede de los Carnavales

aguantó bien vendavales

dejando todo estropeado.

 

Al término del jolgorio

nos quedábamos contentos

y a pasos un poco lentos

volvíamos con don Liborio.

 

Aquél periodista Giles

que se esmeró en trabajar

sin que lograse amasar

de dinero varios miles.

 

Recibíamos la cueriza

al pasársenos la copa

y tras de beber la sopa

íbamos a tomar ceniza.

 

Pasaba un Carnaval más

y la quietud regresaba

pero luego se llegaba

la gran fiesta con Tomás.

 

Aquellas fiestas de mayo

en ese ancho malecón

donde asistía don Simón

montando brioso caballo.

 

Jugábase a la ruleta

los dados y la baraja

y niños en sube y baja

gozaban con su paleta.

 

Esas fiestas bien reunían

a gentes de bien abajo

que con bastante trabajo

sin pesos se divertían.

 

Idas las fiestas de mayo

llegaba el fuerte calor

quedando un nuevo sabor

y nos cantaba otro gallo.

 

Luciendo bellos sombreros

paseando en el malecón

las damas hacían estirón

piropeadas por caballeros.

 

Los Portales de Cannobio

tenían fiesta muy bonita

kermés en que a Teresita

la acompañaba su novio.

 

Algunas damas altruistas

luchaban con mucho afán

por donar a Mazatlán

obras útiles, a vistas.

 

Hospital de San Vicente

Asilo y Orfanatorio

donde era bien notorio

que acudía mucha gente.

 

Altruistas damas de antaño

que por los pobres miraban

pues siempre se desvelaban

trabajando todo el año.

 

Bien por doña Romanita

encabezando la lista

e iba a la conquista

de una cosa muy bonita.

 

Josefina y doña Amelia

secundaban aquella obra

motivos había de sobra

para que ayudara Delia.

 

Fárber, Noris y Careaga

bien que recuerdo esos nombres

también había otros hombres

como los Haas y Laveaga.

 

Corvera, Coppel, Fontáin,

Felton, Gavica, Requena,

todos ellos gente buena

que vieron por Mazatlán.

 

Gómez Rubio y Galán

Urriolagoitia y Siordia

tuvieron misericordia

trabajando con afán.

 

Los viejos palmeamos manos

por aquellas gentes buenas

que mitigaban las penas

de nuestros pobres hermanos.

 

Gentes de bien, no lo dudo

y yo como un buen obrero

me despojo del sombrero

para darles un saludo.

 

Aquél grupo bolchevique

que ayudaba al Carnaval

sin tomárselos a mal

en época de bilimbique.

 

Guillén, Chícharo, Mercado

Román, Chano, Tolano

Avendaño, Piña, Mariano

y alguno más agregado.

 

Peregrina, Paco Saldaña,

Rivero y Jesús Rivas

otros que no eran chivas

y tumbaban buena caña.

 

Poniéndose a trabajar

por el máximo festejo

exponían bien el pellejo

¡hasta el Chango Salazar!

 

Y por allá en la marisma

jugaban a la pelota

Rico con el Zurdo Cota

para romperse la crisma.

 

Eran muchachos valientes

que no le temían a algo

incluso Sánchez Hidalgo

quedó sin algunos dientes.

 

De corazón deportistas

los cuales hoy ya no veo

por más que siempre volteo

buscando a esos artistas.

 

Reverte Chico, Danglada

dos toreros en embrión

tuvieron un revolcón

sin plaza bien retacada.

 

Se anunció con profusión

Juan Silveti torearía

y seguro asombraría

a nuestra noble afición.

 

Silveti vino a torear

armando revolución

y la entusiasta afición

banquete le quiso dar.

 

Galindo, Güero González,

Vega, Muro, Robles, Piña

y estuvieron en la viña

otros más de comensales.

 

Hubo brindis en su honor

buena suerte le desearon

y con todo allí acabaron

hallándole buen sabor.

 

La gente desesperada

por ver a aquél torerazo

llenó pronto y sin retraso

la Plaza Rea remozada.

 

Juan Silveti emocionado

con tanta gente reunida

no pensó en alguna herida

toreando muy arrimado.

 

Era valiente en verdad

a nadie aquí defraudó

fue así que se arrimó

siendo herido sin piedad.

 

El toro de Piedras Negras

sobre el indio arremetió

en tanto el pueblo gritó

desmayándose las suegras.

 

Toreaba de beneficio

aquél que era muy macho

pero del toro bien gacho

recibió un gran orificio.

 

Fue transportado en camilla

“Hombre de la Regadera”

golpeado en una cadera

al sanatorio Jumilla.

 

Celia Montalbán lloraba

creyendo perder a Juan

que fue herido en Mazatlán

cuando confiado toreaba.

 

Quiso Dios se repusiera

“Juan Sin Miedo” de su herida

para que su prometida

de pena ya no sufriera.

 

Evocar lo que ha pasado

no es delito, es deleite

y para mi buena suerte

a la gente le ha gustado.

 

Por eso señalo aquí

una canción con romance

una obra con alcance

y que imprimió frenesí.

 

“Alejandra” vals hermoso

del Mazatlán del pasado

que sigue siendo elogiado

y por doquiera famoso.

 

¡Una flor linda era ella

del mazatleco pencil!...

y enamorada gentil

la vio como una estrella.

 

Ofréndole cual mensaje

de su ardorosa pasión

en notas la inspiración

de un trovador con linaje.

 

Enrique Mora, el autor

cumplió a Oropeza el deseo

quien como nuevo Romeo

así homenajeó a su amor.

 

Y pasando a otro tema

para seguir adelante

propóngome al instante

seguir la lucha extrema.

 

Carretelas y carretas

arañas que se nos fueron

las que su servicio dieron

en tiempo de las caretas.

 

Paseos Claussen, Centenario

con sus glorietas hermosas

que se hicieron tan famosas

como un cuento milenario.

 

Iglesias grande y chiquita

con sus “bolos” en bautizos

donde niños en sus rizos

recibieron agua bendita.

 

Mazatlecas bien innatas

en la plazuela pasearon

y bien que se acompañaron

en alegres serenatas.

 

Las calles con pedregal

terminaron, ya no hay nada

más queda la campanada

que suena en la Catedral.

 

Los carritos con sus mulas

viajaron por tantas calles

luciendo tantos detalles

llevando muchachas chulas.

 

Viejo mercado de acero

fuerte y muy bien fincado

sigue allí aún levantado

soportando tiempo fiero.

 

La pollera que expendía

rico pollo a la plaza

en tanto que “La Zaraza”

deambulaba noche y día.

 

Mientras la gente cenaba

“La Chomé” la divertía

muchos collares lucía

y en sus canciones lloraba.

 

Salomé se “apayasaba”

de amor siempre padecía

y en su canción maldecía

al hombre que ella amaba.

 

Reloj de Palacio, recuerda,

quedaste enmudecido

más a mí me ha parecido

que nadie te ha dado cuerda.

 

Más cosas que he olvidado

porque mi memoria falla

y otras de la misma talla

que ha propósito he dejado.

 

Una súplica se hace

a quien sabe más de esto

que no tire esto al cesto

sabiendo que el poeta nace.

 

Poetas y literatos

yo les pido con urgencia

un poco de clemencia

para estos versos baratos.

 

Ya no sigo y con razón

recordando lo pasado

pues mis ojos se han nublado

con lágrimas de emoción.

 

 

FUENTE:


Carlos “Chale” Salazar Cordero

Album del Recuerdo Año 1975

aportación:

Silvia Castelo Toledo


Arreglos Web:

Gustavo Gama Olmos


16/10/2013

 

 























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