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Historias Mazatlecas



FUENTE:


http://ahgs.gob.mx/sinaloa-ilustrado/     PAG 115


arreglos web 


Gustavo Gama Olmos


13/09/2013





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Historia de Mazatlán

 

Por: Adolfo O’Ryan


El pretender describir este puerto, el más renombrado del Pacífico, consideramos de nuestro deber dar a conocer su creación, los cambios progresistas que lo han elevado, recordando al mismo tiempo a los descendientes de sus primitivos pobladores, lo que era la población en que actualmente viven, a fin de que aprendan que no sólo deben gozar del fruto que recogen del árbol plantado por sus pasados, sino cuidar que sus hijos disfruten de esas labores en honra de la patria y beneficio de sus conciudadanos.

Podemos presentar al lector “Mazatlán Antiguo” y “Mazatlán Moderno”. Vamos a hacer uso de datos fidedignos tornados de una rarísima obra, publicada por el señor Santiago Calderón, empleado del Municipio y persona imparcial, cuyos ejemplares en pocas manos existen, pues únicamente se dieron a la prensa unos cuantos para obsequiar amigos amantes de sacros recuerdos y fieles guardianes del porvenir de Mazatlán.

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Mazatlán Antiguo


Mazatlán, que en lengua Nahoa (antiguo Mexicano) significa País de los Ciervos, está situado en los 23°12’42″ latitud norte, y 7°57’22″ longitud occidental del meridiano de México, y la variación de la aguja es 8°23′ N.E. La superficie que encierra, comprendiendo ejidos, puertos, marismas e islas es de 1,236 hectaras, 10 aras, 25 centiaras.

 

La superficie de las aguas es de 169 hectaras, 96 aras, 25 centiaras. La tierra firme, 1,006 hectáreas, 96 aras, 25 centiaras. Establecimiento del puerto o mar 9h.54′. Altura sobre baja marea, 2 metros, 20%.


Mazatlán no es una ciudad cuyo origen presenta dificultad al estadista para determinarlo; es una población moderna y que tiene por lo mismo entre sus moradores quien haya presenciado desde el principio su formación y su progreso.


En excavaciones hechas por el año 1875 en las orillas de la ciudad, se encontraron ídolos de barro, dardos de ágata, hachas de piedra y otros objetos que prueban la presencia de la raza indígena en estos lugares en tiempos anteriores a su fundación (de Mazatlán). Debe creerse, por falta de monumentos, que fue lugar de correrías de alguna tribu de nómadas atraídos por la pesca, o que al ser invadidos los indios por la conquista, buscaron entre los bosques un refugio donde guarecerse, y para esto, un refugio muy pasajero, porque un terreno inundado de esteros, de una aridez extremada, indudablemente insalubre como era el que ocupa la ciudad, no debe haber sido por cierto para los indios que tenían el derecho de la elección, y que para nada entraba en ellos su importancia marítima, el más a propósito de una de sus poblaciones. Además son prueba para lo dicho que ni la ágata, ni la clase del barro, ni la clase de piedra de que los objetos descubiertos están formados se hallan en estos lugares ni en sus cercanías.



Poco  a  poco  inmigraron  más pobladores, formando  un  largo  caserío  hasta la aduana marítima que se conocía por el barrio  de  La Chalata, en razón de  un gran árbol que allí  se  encontraba. La única entrada por tierra era por la playa del Puerto Viejo, seguía  por  la  calle Principal, y por ella se llegaba al cerro de la Cruz, a donde también conducía otra que cruzaba  paralelamente  al  mar  y  que  conducía  a  la  puntilla del Astillero. Del  año 1802  a 1826 creció el número de pobladores, creándose un comercio digno de mención. 


El año 1827 se estableció la primera oficina del gobierno. 


Era encargado de  ella  el señor  don Juan María Ramírez, subalterno  a  la que existía en el Presidio de Mazatlán bajo la dirección de don Ramón Gómez. En esta oficina, que era recaudadora del Estado, se cuidaba igualmente de los intereses federales, dándoles, cuando era necesario, las cuentas del gran capitán. 

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El día 3 de febrero de 1828 el navegante británico Frederick William Beechey llegó a Mazatlán, 

y durante su breve estancia realizó un muy exacto plano de lo que era esta población por aquella época.


Mazatlan Decimononico  Antonio Lerma Garay

foto tomada del libro Grandeza Mazatleca

fuente: archivo de don Miguel Valades Lejarza


Debemos remontar, pues, al año 1806, y persuadirnos de que en esa época el terreno en que está situada la población no era sino un bosque agreste y solitario, todo cubierto de altos árboles, lagunas y marismas, en donde bandadas de ciervos que habían dado su nombre a esas regiones, pasturaban tranquilos en sus ignoradas praderas. El mar las azotaba libremente hasta donde hoy está la plaza Machado, alimentando con el flujo y reflujo un estero que se prolongaba irregularmente hasta donde se halla en la actualidad la Plaza del Mercado.


Los límites del mar en la baja marea eran en una linda casi con la misma curvatura que tiene hoy, pero la especie de istmo que une el cerro de La Cruz con la población era entonces un estero bastante bajo que dejaba pasar las aguas del actual malecón de las Olas Altas a las del actual fondeadero.


Los conquistadores establecidos en San Sebastián (Concordia) y el Rosario, poblaciones que hacían fluviar, y en donde tenían asiento toda clase de autoridades, sintiendo la necesidad de hacer el comercio por agua, comenzaron a descargar por estas playas algunos buques de cabotaje. 


Ya desde el año 1600, 70 años después del desembarque de Nuño de Guzmán en Chametla , se había establecido a 9 leguas al norte de esta ciudad el Presidio de Mazatlán, nombre que posteriormente se dio a este puerto, dejando como recuerdo al pueblo fundador el de Presidio y reformándolo después en Villa Unión. Ese Presidio era guarnecido por dos compañías de soldados presídiales, los que sirvieron después para vigilar la costa y evitar que nadie, sino españoles, hicieran el comercio con los naturales sometidos. Estas compañías que también se llamaron de los mulatos, prestaron según parece, muy buenos servicios al rey, pues más tarde fueron recompensadas con la cesión de un terreno de la capacidad de doce sitios de ganado mayor, que les fueron medidos a uno y otro lado del río. 


Este es el origen de lo que en el Estado se conoce por los Comuneros de Villa Unión, descendientes, según ellos, directos o indirectos, de los primitivos agraciados.


Escogido este punto para la descarga, se estableció en el Presidio Villa Unión una aduana, y desde allí y desde el Rosario, según el caso, las autoridades fiscales mandaban guardas y celadores a vigilar estos atracaderos, o a entenderse con la descarga de los buques y conducción de las mercancías a su destino.


El fondeadero estaba por el Puerto Viejo, entonces de San Félix, y en aquella playa se construyó la primera barraca en donde vivaqueaban los soldados cada vez que venían a estos lugares. 


En ese mismo rumbo se estableció la primera familia, José María Canizales y Petra Zamudio, en 1806. 

Vivía de siembras y pesca. 



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No obstante tanto adelanto, la naciente ciudad dependía del Municipio de San Sebastián de donde se libraban órdenes en lo relativo a policía, administración y demás. Tal estado de cosas no podría durar y en 1837 se exigió un Municipio, eligiendo la población sus autoridades locales. De ese año data el primer reglamento para el Ayuntamiento y la primera escuela municipal a cargo de un estimado profesor, el Sr. don Manuel María González, con el módico sueldo de $30. 


En ese mismo año se construyeron los edificios y almacenes de la aduana marítima y el cuartel; se echaron los cimientos de la iglesia que se conoce hoy por Iglesia Vieja, la que fue construida en 1842; se instaló una oficina de correos y una capitanía de Puerto.


El año 1851 el general Pedro Valdés, gobernador de hecho del Estado, declaró a Mazatlán cabecera del distrito de su nombre, y capital de Sinaloa. En la actualidad sólo es cabecera de Distrito, en razón de que la legislatura de 1874 mandó que se trasladasen los poderes del Estado a la ciudad de Culiacán.


Para completar esta reseña de Mazatlán Antiguo en que, como se ve, damos cuenta fidedigna de su creación y de su marcha progresiva en el sendero de la civilización, del orden y de la prosperidad, citaremos algunas fechas que por acontecimientos de interés local recuerdan los pocos vecinos aún existentes que fueron testigos.



1829.— La fragata Danubio descarga un valioso con-trabando. Sus agentes fiscales quieren impedir se siga el alije del buque y pretenden aprehenderlo. Al ejecutarlo son acuchillados y rechazados por la tripulación y gente del país que había sido cohechada.

1832.— El Gobierno del Estado remite $300 al Municipio para que forme un dique o terraplén al pie del cerro de la Aduana (conocido hoy por “del Vigía”) con el fin de impedir la comunicación de las aguas de la ensenada de las Olas Altas con las de la bahía del sur. Se colocaron donativos para construir una casa municipal y una cárcel.

1847.— Las corbetas Siam y Portsmouth bloquean el puerto; el Ayuntamiento activamente organiza la guardia nacional para hacer frente a la invasión americana; se arreglan varios batallones, pero al fin sus invasores to¬man la plaza el 13 de noviembre, debido a la conducta reprensible del coronel Télles que mandaba en jefe.

1848.— En el mes de marzo los norteamericanos evacuan la plaza.

1863.— El Ayuntamiento inaugura el 23 de noviem¬bre los trabajos de un acueducto para proveer a Mazatlán de las aguas potables del río Siqueros, obra que nunca llegó a realizarse.

1868.— Primer reglamento relativo a la enseñanza primaria. En una de las revoluciones que ocurrieron en aquella época Mazatlán fue saqueado el 28 de octubre de 1858.

Por fortuna, según fueron pasando los años fueron minorando y hoy día son desconocidas. Es de notar que las revoluciones y los contrabandos fraternizaban, levantando los descamisados y falsos patriotas, a la vez que satisfaciendo los apetitos voraces de especulación de algunas casas de comercio que pretendía, con muy egoísta razón, no perder el tiempo.



Los giros mercantiles en este puerto y los establecimientos industriales empadronados en 1874 eran los siguientes:


Giros mercantiles De Ira. Clase—Echeguren Hermanos, J. Kelly y Cía., Melchers Sucesores, J. Somellera y Cía., Bartning Herma¬nos, Redo Hernández y Cía., Miguel Careaga y Cía., Peha y Cía., Charpentier y Reynaud, T. Heymann y Cia., J. de la Quintana y Cia. De 2da. Clase—Elorza y Mendía. Goldschmidt y Gavica, Juan Lewels, Edmundo Cardinault, Fermín Irigoyen, Rosa Arriola, Domingo Rey y muchos otros que han desaparecido y no mencionamos. En nuestras descripciones del comercio actual se verá que los datos que hemos conseguido concuerdan con el origen de la firma que llevan las casas importadoras existentes, habiendo pasado algunos del segundo rango al primero. El total de los giros mercantiles era entonces de 104. En cuanto a establecimientos industriales, figuraban en primera línea la Fábrica de Gas, la Fábrica de Hilados, 5 boticas, 5 imprentas, 12 casas de empeño, 2 fundiciones, 3 hoteles, algo modestos, 1 establecimiento de baños y otras pequeñas industrias. La población era de 16,000 habitantes. En el año de 1874 los ingresos y egresos de la Tesorería Municipal fueron los siguientes: Ingresos, $91,135.90; Egresos, $85,940.64. Existencia en caja, $5, 195.26. La población bebía agua pluvial que recogía en la temporada de lluvias en 132 algibes de propiedad particular que contenían 184,045 barriles en junto. Las escuelas primarias y los establecimientos secundarios particulares y públicos existentes en el Municipio de Mazatlán, en ese mismo año de 1874, eran 30 y daban instrucción a 664 niños y a 645 niñas, costando al Ayuntamiento $1,165.00 





Este  punto  del  litoral  se convirtió, con  esta  disposición, en  provecho de  los artefactos  europeos  en  los  mercados de Sonora, Durango, Zacatecas, y algunos puntos de Centro América. 


Afluyó la población de todas partes, y con ella los negocios, el cabotaje y las expediciones de altura. 


La vigilancia aduanal, siendo  algo  descuidada  en  unos  casos y  conciliadora  en  otros, se ganaba dinero con excesiva facilidad. La fabricación  de casas  comenzó con furor, y  se inició el engrandecimiento de la Villa de los Costilla, como luego se le llamó. 


En ese año, don Vicente Ortigoza, vecino y comerciante de la Villa de San Sebastián (Concordia),  y  la  casa  comercial de fletes del Rosario influyeron ante el Gobierno de México, consiguiendo  se  abandonase  el fondeadero  de  San Félix (Puerto Viejo) y se cambiara a la ensenada sur en que hasta la fecha ha quedado. Le dieron por nombre Puerto Ortigoza, pero nadie hoy día lo designa bajo ese apelativo.


Sin duda para evitar errores en sumas o en cuotas, según la tarifa, 

el Gobierno de México estableció su aduana marítima el año 1828, 

poniendo al frente de ella al señor don José Máximo Magan. 

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  Agradecemos el patrocinio de nuestro gran amigo

                 Rodolfo "popo" Castañeda











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