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TESTIMONIOS

de

Mazatlecos


El Maremoto 

Mazatlan Sinaloa 




El 28 de marzo de 1964, sucedió algo inolvidable para muchos, Mazatlán estaba lleno de turistas que disfrutaban de agradables vacaciones.


Las playas estaban atiborradas de bañistas de fuera y Mazatlán, bañándose unos y otros acostados en la arena, tostándose al sol, todo era alegría.


También en las iglesias los fieles católicos conmemoraban lo que es el significado de esas fechas; la pasión, muerte y resurrección de Cristo.



En la madrugada del sábado de gloria, fuimos despertados por el estruendo que hacía un carro de sonido, conminando a la población a que huyéramos lo más pronto posible de las partes bajas de Mazatlán pues un maremoto azotaría en el puerto a las 5 de la mañana, así lo había dicho el servicio meteorológico, estaba azotando en las costas de Alaska y lo haría aquí también. 

La ciudad se convirtió en un caos, todo mundo quería salir al mismo tiempo a refugiarse a las partes altas de Mazatlán y algunos fuera de aquí, algunas personas salían en paños menores, despavoridos pues Mazatlán pronto desaparecería.

Doña María Molina, vecina de la calle Gutiérrez Nájera, al cruzar la avenida Juan Carrasco, iba a reunirse con sus familiares, se llevó tremendo susto pues creía que las luces de las largas filas de automóviles, eran las olas que venían arrastrando todo.

Mi Mamá, una mujer muy bonita, y bastante vanidosa, mientras nosotros corríamos a subirnos a la camioneta que nos llevaría al cerro a la toma del agua, frente a la prepa rosales. Dijo "Bueno, si va a desaparecer la casa con todo lo que tiene adentro, por lo menos espérenme para ponerme mi vestido y mi refajo nuevo, además no voy a dejar mis alhajas, me las pongo, y también voy a sacar el dinero de la caja". 

Con toda la paciencia del mundo, Doña Margarita se pintó, perfumó, arregló, mientras todos estábamos arriba de la camioneta desesperados por ponernos a salvo.


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Ya en el cerro, Doña María Molina, nos dio un sermón a todos los ahí reunidos, diciéndonos que nos arrepintiéramos de los pecados, pues eso era un castigo de Dios por los desmanes cometidos en esos días santos.

Nosotros la escuchamos atentamente mientras comíamos de las grandes cazuelas de capirotada que llevábamos para tener por lo menos que comer mientras las partes bajas de Mazatlán desaparecerían bajo la gigantesca ola marina.

Muchas cosas que después se nos hacían graciosas pasaron esa noche, un vecino de la calle Leandro Valle le tocó la puerta de Don Guillermo Lizárraga, diciéndole que se levantara pues venia una Ola Marina. A lo que el señor Lizárraga dormido todavía le contesta; "deja dormir Benito, que nos puede hacer una foca marina.

Algunos más vivales e incrédulos aprovecharon la confusión para quedarse a visitar las casas ajenas en busca de algo que hubieran dejado con la prisa los asustados turistas y mazatlecos.

Lo bueno de esto es que no pasó de un susto, sino ya no estaríamos aquí para contarlo y vivier de nuevo esta experiecia.

Así como estas hay muchas anécdotas más del maremoto. Que hoy recordamos con nostalgia a 32 años de este hecho que movilizó a Mazatlán y Turistas. (Hoy hace 47 años de este hecho y lo recoramos con otro evento similar).
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Fuente:

Publicado en la revista Mazatlán Interactivo edición marzo de 1994 

http://www.mazatlaninteractivo.com.mx/new/noticias/ultimas-noticias/mazatlecos-atestan-concordia/4/


Fotos:

Peche

Manuel Gomez Rubio


Arreglos web:

Gustavo Gama Olmos


Mazatlán, Sin.   06/04/2014

   Agradecemos el patrocinio de nuestro gran amigo

                 Rodolfo "popo" Castañeda

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