CUANDO EL DIABLO SE APARECIÓ EN LA CHIRIPA

 

 

La Chiripa se ubicó en las calles de Belisario Domínguez y Mariano Escobedo,  allí justo donde hay un avión en el suelo ya que fueron las antiguas oficinas de una compañía aeronáutica.  Era un lugar donde gustaban los jóvenes de aquel tiempo ir a cenar tacos y carne asada después de una buena farra.

 

Cuentan que esa como todas las noches, era como todas, estaba el lugar repleto de gente joven, cada mesa en su plática esperando que les sirvieran o bien, el turno para que les tomaran la orden.

 

En ese momento hizo acto de presencia aquel hombre tan guapo y bien vestido, incluso hizo voltear a más de algún caballero, mientras que las damas se quedaron mudas de verlo. Él se sentó en la única mesa desocupada: la de la esquina, coincidencia tal vez, pero esa mesa donde se sentó era justamente la primera que veías cuando entrabas a ese lugar.

 

Con su mirada recorrió el lugar y sin mencionar palabra, solo levanto el brazo para que le tomaran la orden, el mesero rápido y veloz se acercó callado contra su costumbre e hizo su trabajo. Todas las damas cuchicheaban y se reían con mirada picara ¡sabrá dios que murmuraban! Será por esa razón que más de algún chavo enojado con su pareja se salió del lugar.

 

El caballero tomó el jarro donde le habían servido su obligado caldo de carne, ni siquiera le sopló para enfriarlo,  así rápido le dio dos tragos muy grandes sin quemarse la boca, cosa que con asombro notaron varios que lo vieron comer. También notaron que cuando se fumó un cigarro y parecía que tiraba más humo del que normalmente se echa afuera tras la fumada.

 

En ese momento, entro a ese lugar un grupo de 4 chicas, parecían muy alegres pues se venían riendo desde afuera, la primera buscó lugar sin éxito, mientras que las otras vieron a ese caballero y una de ellas exclamó “Jesús, María y José que bueno esta ese hombre! Papacito!!”

 

Dicen que cuando la chica gritó esa frase, una cortina de humo hizo que el hombre desapareciera de ese sitio dejando un penetrante olor a azufre. ¿Verdad o mentira? No lo supe nunca pues nadie me dijo lo contrario, pero a mí me contaron esa historia que como reguero de pólvora se supo en todo el puerto y a la fecha no sé si realmente pasó.