www.amigosdemazatlan.com.mx


Historias Mazatlecas

AQUELLOS TRENES URBANOS

Carlos "chale" Salazar 

 

 

Al inaugurarse el servicio del ferrocarril en el año de 1908, uniendo a Mazatlán con Nogales; y pasando por las principales ciudades de Sinaloa y Sonora, nuestra región experimentó una gran alegría por el importante paso que se daba a la civilización y por las incalculables ventajas que acarrearía el servicio ferroviario.

Ya debe imaginarse el lector la alegría que experimentaron los entonces pocos miles de habitantes que tenía Mazatlán con la llegada del servicio del Ferrocarril Sud pacífico de México. Los comentarios eran frecuentes entre la gente mazatleca y con más razón cuando se estableció el servicio de pasajeros de un pequeño tren que hacía el recorrido entre la ciudad y la estación del ferrocarril, para llegar hasta más allá de Casa Redonda, distancia que entonces parecía demasiado grande para caminarla a pié.

tren_1.jpg

El pequeño ferrocarril urbano estaba compuesto por una máquina de vapor que arrastraba cuatro carros pasajeros y hacía el recorrido de su estación, ubicada en la esquina de las calles Casa Mata (hoy general Francisco Serrano) y Constitución hasta Casa Redonda y después seguía su camino hasta el panteón número tres, cobrando cinco centavos el pasaje por adultos y dos centavos por menores de 10 años. 

tren_2_moneda_1.jpgtren_2_moneda_2.jpg

Su trayectoria era comoda, pues rodaba lentamente por la calle Casa Mata, daba vuelta por la Melchor Ocampo y después de hacer un alto bajo un viejo guamúchil que había frente a la Cervecería del Pacífico, continuaba por la calzada 18 de abril (hoy llamada calzada Gabriel Leyva)I parando frente al edificio donde fueron las oficinas de la empresa del Sud Pacífico de México, para continuar después hacia el cementerio número tres, para después regresar por el mismo camino hasta su casa establecida en Casa mata y Constitución.

El trenecito del que se habla fue manejado por don Julián Ibarra Díaz y llevaba a los paseantes y a quienes iban a trabajar 

tren_3.jpgtren_4.jpgtren_5_a.jpgtren_5.jpg

a los talleres y oficinas del Ferrocarril Sud Pacífico de México, recién inaugurado y entonces el medio de locomoción   más acorde con la época que servía para quienes iban a viajar en el tren grande hacia el norte, llevaba gente a visitar a quienes estaban  sepultados  en  el  cementerio y  también servía como medio de diversión sana a la población  porteña, 

superando a los “tranvías” jalados por mulas que hacían el servicio del muelle fiscal a la estación final de Casa Mata y Constitución.

tren_6.jpg

El servicio del pequeño tren urbano se suspendió allá por el año de 1913, cuando se desencadenó la revolución como consecuencia del cuartelazo huertista, por necesitarlo así la defensa del puerto.

Después hubo otro pequeño tren en Mazatlán, pero ese solo era de carga, ya que se encargaba de transportar en vagones la piedra que era arrancada a la falda del cerro de “La Nevería”, por el paseo Claussen, para llevarla sobre los rieles que estaban por el malecón de Olas Altas. 

tren_7.jpg

siguiendo por la Avenida Pacífico (hoy Avenida Miguel Alemán) hasta donde se estaban construyendo los muelles de lo que más tarde serían las Obras del Puerto, obras que fueron iniciadas en 1925, cuando el presidente municipal de Mazatlán, don Antonio R. Pérez, puso la primera piedra, para que después, en julio del año 1951, el licenciado Miguel Alemán, presidente de la República Mexicana, inaugurara definitivamente los muelles en donde atracan grandes embarcaciones de todo el mundo para traer a este puerto los productos de otros países o llevar los que produce México, además de que traen turismo “gringo”.






EL FERROCARRIL URBANO Y LOS TRANVIAS

Enero 4 de 1897


La familia De Cima en Mazatlán

 

Discútese actualmente en el seno del ayuntamiento un dictamen presentado por la Comisión de Ornato, el cual se relaciona con la solicitud que a dicha Corporación elevo el Sr. Arthur de Cima para que se le conceda permiso para construir en esta ciudad un sistema de tranvías eléctricos, subvencionándolo además con la suma de cien pesos mensuales.


                 Al referido concurso acompaño al Sr. Cima un plano en que se determina las calles que deben cruzar la proyectada vía, algunas de las cuales se encuentran ocupadas por la Empresa del Ferrocarril Urbano, y otras aunque abandonadas por más de diez años, como las calles comprendidas en el antiguo ramal de Mesón de Palmillas, la misma empresa reclama el derecho de poseerlas, máxime que ahora que pretende, según lo ha manifestado a la Corporación Municipal, reparar este tramo en su línea.


                 Ignoramos si la mencionada Empresa que representa la sucesión del Sr. D. Jesús Escovar, intentara realmente hacer tan importante reparación o pretenderá tan solo levantar obstáculos al importantísimo proyecto del Sr. Cima.


                 Como quiera que sea, existe un hecho notorio que señala una deficiencia inaudita de parte del ayuntamiento que celebró con el primitivo concesionario del Ferrocarril Urbano el contrato respectivo, de 25 de febrero de 1875, y es que no se previó el caso de que la Empresa abandonara la explotación de la línea o parte de ella, y que se declarase la caducidad de la con concesión por esta causa, pues la Ley-contrato en su Artículo 5º menciona únicamente para tal efecto los dos extremos siguientes: el no comenzar o no concluir los trabajos en los plazos señalados, los cuales fueron: para la construcción de la vía de la Aduana al Astillero, tres años; y cinco para el establecimiento de los ramales que convinieran a la Empresa.


                  Resulta en consecuencia que dieron principios y se llevaron a término en el tiempo estipulado los trabajos de construcción del Ferrocarril Urbano; pero que después de algunos años se abandonó la conveniencia de los empresarios la explotación del ramal de palmillas, y ahora el Ayuntamiento no puede declarar la caducidad por no encontrarse previsto terminantemente el caso. Y como indispensable corolario se desprende que nuestro honorable cuerpo edilicio no se encuentra facultado para conceder al Sr. Cima el uso de calles que, como la de “Olas Altas”, designan en sus planos para el trayecto de los tranvías eléctricos.


                  Evidentemente es absurdo que el abandono de diez años no signifique la insubsistencia de una concesión, tratándose sobre todo de obras materiales en que va de por medio el interés público, y sería curioso que mañana se le ocurriera a la empresa del ferrocarril urbano suspender la explotación de su líneas, y después del transcurso de un cuarto de siglo la reanudase, pretendiendo las mismas garantías y privilegios que actualmente le corresponden.

 

                 Al conceder, pues, el Ayuntamiento el permiso necesario para la reparación del ramal de Palmillas, debe en nuestro concepto fijarse en las anteriores observaciones y prevenir al concesionario que si dentro de un plazo conveniente no concluye las obras respectivas, y que si después de concluidas abandonan la explotación por otro lapso prudente que se le determine, se declara administrativamente y de plano la caducidad, sin perjuicio de que se le obligue a otorgar fianza o constituir un deposito como garantía del cumplimiento de las obligaciones que contraiga.


                 En cuanto al concurso del Sr. Cima sobre tranvías eléctricos, esperamos que la Corporación municipal, inspirándose como hasta el presente, en el bien público, resolverá de conformidad a lo que pretende el solicitante, una vez que la realización de esa mejora significara para Mazatlán un gran paso en el camino del progreso.


                Bien merece, por otra parte, ese apoyo un hombre que, como el Sr. Arthur de Cima, no ha vacilado en exponer su capital planeando antes mejoras como el alumbrado eléctrico y el  servicio telefónico, mejoras que hablen muy en alto a favor de la ciudad y del estado.


                  No sabemos los términos en que se haya formulado el dictamen de la Comisión  de Ornato, pero entendemos que la reconocida ilustración de las personas que la componen, habrá sin duda resuelto el punto de una manera plausible para todos.


                  Una absoluta imparcialidad nos mueve al escribir este artículo, y por lo tanto, al expresar nuestra opinión favorable al proyecto del Sr. Cima, no pedimos se le exonere de las obligaciones que también deben corresponderle en el caso de que se acceda a su solicitud.


                  Al igual que a la empresa Urbana, tendrá que garantizar el cumplimiento de la obra que intenta, y sujetarse a los demás requisitos que la ciencia y el bien público reclaman.


                  Habrá, pues, que exigírsele que la vía sea sólida y dotada del material necesario para el buen servicio público; que los rieles no queden levantados más de una pulgada sobre el nivel ordinario de las calles y que en los cruzamientos de éstos así como en los escapes se construyan las obras que sean precisas para que no se dificulten el tránsito de carruajes ni las corrientes de las aguas, en fin, que la vía llene las condiciones requeridas por su naturaleza, y que la experiencia ha señalado en obras de igual clase llevadas a cabo en las ciudades importantes de la republica.


















.

Fuente:


Album del Recuerdo

Carlos "chale" Salazar Cordero

Silvia Castelo Toledo


Fotos:


Peche

Manuel Gomez Rubio

SHM





Arreglos web 


Gustavo Gama Olmos


28 / 12 / 2013  


Mazatlán, Sinaloa


tren__8.jpg

Agradecemos el patrocinio de nuestro gran amigo Rodolfo "popo" Castañeda

Productos para el aseo