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Mazatlecos Distinguidos

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Alfonso Tirado Osuna 

Alfonso Tirado Osuna (1902-1938) Empresario agroindustrial y rico terrateniente.          



“Poncho” Tirado. Nació el 12 de mayo, en el poblado de La Palma Sola, municipio de Mazatlán. Hijo del hacendado Carlos R. Tirado (Rojas) y de Rutilia Osuna Tirado.    

 

Hizo sus primeros estudios en su pueblo natal. Continuó en el Colegio Valle, de Mazatlán. Ingresó a la preparatoria en Guadalajara, Jalisco; luego terminó la carrera de contador comercial (1921). Viajó a  Oakland, California, donde estudió Saint Mary's College ingeniería civil. Volvió en 1923, se encargó de las vinatas y del ingenio azucarero, localizadas en La Palma Sola y El Guayabo. Alfonso Tirado fue buen patrón. Gozaba de la simpatía entre los habitantes de la zona y era bien visto por la sociedad mazatleca. Desarrolló negocios en Mazatlán  y La Palma. 

 


       A mediados de 1932, fue candidato a la presidencia municipal de Mazatlán. En noviembre de este año, obtuvo una aplastante victoria sobre su contrincante Jesús I. Escobar. Alfonso era un hombre joven de escasos 30 años de edad. 


Su administración 1933/34 se caracterizó por la honradez y la consecución de buenas mejoras materiales en el puerto. No cobró sueldo y otorgó becas a los hijos de familias pobres. Todos sus gastos de representación los cubría de su bolsillo, estaba convencido que el dinero municipal debía ser destinado para servir a la comunidad. Suministró abundantes medicamentos para los enfermos menos favorecidos. Se opuso al gobernador cuando éste aprobó la instalación de una casa de juego en el puerto, ofreciendo su renuncia y la de sus regidores. No consintió que se otorgaran beneficios extraordinarios a algunos empleados municipales; se negó a pagar con dinero del ayuntamiento un dispendioso banquete ofrecido a Plutarco Elías Calles, en el lujoso Hotel Belmar; argumentó que el dinero del pueblo no era para eso; a cambio, le propuso al diputado Ignacio Lizárraga “el chicuras” pagar la cuenta entre los dos, cosa que este no acepto. Su popularidad política trascendió del municipio al estado. 


    Al concluir su periodo, retornó a sus labores agroindustriales. Sus amistades lo animaban a competir por la gobernatura de Sinaloa; su nombre empezaba a sonar para la sucesión de 1940. Manuel Lazcano en sus memorias apunta sobre Poncho, --“Fue un tipo muy popular en el sur del estado. Era carismático, simpático, de muy buen humor, de muy buen ambiente, de muy atractiva presencia”--. Después de regresar de un viaje a Cd. de México, el 4 de junio de 1938, Alfonso salió de Mazatlán con destino a Culiacán, para arreglar algunos negocios. Se hospedó, como siempre, en el Hotel Rosales. La tarde del día 10, después de atender sus asuntos y de entrevistarse con Alfredo Delgado, gobernador del estado, se fue al bar del citado hotel, donde departía con su primo Alberto y unos amigos. De pronto, se presentó Alfonso “La Onza” Leyzaola,  jefe de la Policía Judicial, considerado un hombre siniestro y matón, a quien se le imputaban más de un centenar de asesinatos. Leyzaola,  pistolero al servicio de Loaiza, se sentó a la mesa con Tirado y sus amigos. Al menor pretexto, pues ya llevaba la consigna de matarlo, le disparó a boca de jarro a Alfonso Tirado, en tres ocasiones. Silvano Pérez Ramos, llego en ese momento y auxiliado de su chofer lo trasladaron  aun con vida a un sanatorio particular muriendo en la mesa de operaciones. 


      Su cadáver fue trasladado a Mazatlán. En la estación del ferrocarril del puerto, fue recibido por miles de personas. Gente de Mazatlán y campesinos venidos de distintos poblados, escoltaron su cadáver hasta La Palma Sola. Su funeral fue muy concurrido y recordado. Hubo muestras de repudio popular por este artero crimen. Estudiantes de medicina de la UNAM, de la Confederación Nacional de Estudiantes y de varios estados de la república, a quienes Tirado había apoyado económicamente en sus labores de servicio social en el sur de Sinaloa, protestaron enérgicamente y solicitaron castigo para el asesino. Se integró un comité pro justicia para esclarecer la fechoría. La voz popular atribuyó la autoría intelectual del crimen al gobernador Alfredo Delgado y al entonces senador Rodolfo T. Loaiza, quien según rumores, veía en Tirado un serio rival para el gobierno de Sinaloa, al que él aspiraba. 


      La versión oficial, pretendió presentar los hechos como una riña de cantina. Al poco tiempo, Alfonso Leyzaola fue puesto en libertad, aunque después, en el norte de Sinaloa, en Los Alijos Baridaguato  pagó con su vida tan artero crimen. Lo mismo le ocurrió al gobernador Loaiza, en Mazatlán, durante el carnaval de 1944.

 

Entre las posibles causas de la muerte del gobernador Loaiza, estuvo considerada, popularmente, la versión de la venganza por el asesinato del popular y querido Alfonso “Poncho” Tirado.

 

 



(Lazcano, 1992. Hernández, 2003)


arreglos web 

Gustavo Gama Olmos


recuperado

28 / 12 / 2013 Mazatlán, Sinaloa

Agradecemos el patrocinio de nuestro gran amigo

                 Rodolfo "popo" Castañeda


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